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Quiero empezar diciendo que yo no era muy fan de Van Gogh, tampoco lo soy ahora, pero si un poco más que antes. Este libro, aunque medio ficción medio histórico, me ha ayudado a entender muchas cosas de la psique del artista, de su vida, de las cosas por las que ha pasado. La autora, Sheramy Bundrick, ha querido inventar una historia alrededor de Rachel, voy a citar sus palabras para que lo entendáis:

Esta novela surgió a partir de la pregunta: ¿Quién era Rachel? ¿Con qué grado de intimidad debían conocerse? ¿Él era solo un cliente más? ¿Y ella? ¿Solo una prostituta más? ¿O no? Imaginé una relación basándome en la premisa de que, si hubiera existido se lo habría ocultado a Theo, por temor a su desaprobaciónm tras el desastre de su romance con Sien Hoornik.

Este libro habla de los dos últimos años de vida de Vincent Van Gogh a través de la voz narrativa de Rachel. Rachel es prostituta y se encuentra con Vincent, un artista excéntrico, fascinante y revolucionario. Pronto empezará una historia de amor entre ellos y sus desastrosas vidas, superando todos y cada uno de los problemas que se suceden y creando lazos cada vez más fuertes, a pesar de todo.

 

He intentado encajar de manera fidedigna la historia ficticia de Rachel en el marco histórico de los dos últimos años del pintor. Me he mantenido fiel casi siempre a la cronología de las pinturas de Van Gogh, y a los hechos que tuvieron lugar en Arles, Saint-Remy y Auvers-sur-Oise. También he intentado mantenerme fiel a la personalidad histórica de Vincent, tal como la he interpretado a partir de sus cartas, obras de arte y demás fuentes de archivo.

Este libro atrapa, atrapa nada más empiezas a leerlo. Rachel es una mujer que ha pasado por muchas cosas en la vida, a pesar de su corta edad, y trabaja en un prostíbulo. La historia empieza una noche en la que ella está llorando y de repente se ve espiada por un hombre pelirrojo que la está dibujando, ella se enfada con él y a partir de aquí se marca un punto de inflexión en su vida.

Si que es cierto que hacia la segunda mitad de la historia el libro pierde un poco de fuelle, en mi opinión se ha hecho un poco largo y pesado, sobretodo el hecho de que con la enfermedad de Vincent haya tantas idas y venidas, de un sitio a otro, de aquí para allá, todo el rato.

Todos sabemos que Van Gogh se acaba suicidando, pero aun así no deja de golpearte el mero hecho de su muerte, o la noche que se corta la oreja. Es un libro que impacta y muchas veces, al dejar de leer, me he sentido melancólica o como en sintonía con los sentimientos de los personajes. Me he sentido más romántica y más cariñosa, a la par que triste. Como dice Sheramy Bundrick: Con lo que a él -Van Gogh- le gustaban las novelas sentimentales, quiero creer que habría disfrutado con ésta.

 

Una de las cosas que más me ha gustado ha sido el hecho de meter la ficción dentro de la realidad de forma que ya no sabes qué es real y qué no. Las cartas que se intercambian Rachel y Vincent son totalmente ficticias, aunque la autora coge frases de puño y letra del pintor e intenta recrear cómo hubieran sido.

También me gusta mucho que los libros metan vocabulario y expresiones artísticas, que hablen de forma tan poética sobre algunos hechos y que aparezcan colores por doquier. Aun así es una lectura fácil y rápida. En menos de 10 días me lo he zampado entero y eso que apenas tengo tiempo de leer.

Me observaba muy serio, recorriendo con la mirada todas y cada una de mis curvas y cuando terminé, se puso en pie y se movió a mi alrededor. – Piel teñida de café, no le vendría mal algo de ocre – murmuró, y contempló mi pelo-. Rojo carmín y azul de Prusia. 

Todo en mí parecía débil, endeble, como si él fuera escultor en vez de pintor, y yo fuera barro que debiera moldear con su tacto.

Yo sabía que, mentalmente, él pintaba mi retrato, que sus labios y sus dedos acariciaban todas las lineas en mi cuerpo como pinceles rozando un lienzo. Susurraba colores en mi piel para hacerme cosquillas, tonalidades, tintes que usaba para los hombros, para los pechos, para las piernas, y me hizo jurarle que algún día me dejaría intentarlo. […] Yo también lo dibujaba en mi interior, lo mejor que podía

 

Pero sin duda las mejores frases han sido aquellas en las que Rachel describía a Van Gogh, de una forma tan delicada que me hacía verlo en mi mente y que le fuera cogiendo cierto cariño, a pesar de sus rarezas, a pesar de sus locuras.

A mí me fascinaba con su acento y sus historias, y con la de cosas que sabía. Yo no conocía a nadie que hubiera leído tantos libros como él, que hubiera estado en tantos lugares como él, que hablara tantos idiomas como él. 

Yo creía conocer a ese hombre que hablaba conmigo y hacía el amor conmigo, pero no. Aunque conocía su cuerpo y sabía algo de su mente, lo ignoraba todo de su alma. Y su alma estaba ahí, ahí y ahí: en todas las pinturas que ocupaban aquella estancia, había dejado retazos de su espíritu.

 

Y antes de terminar, ¡no os podéis imaginar lo que me ha pasado con este libro! Me faltaban paginas, aunque como os he dicho, la segunda mitad perdió emoción y no m sentó ni mal ni nada, casi aliviada por poder saltarme páginas. La verdad que no me perdí nada interesante ni importante.

Otra cosa que quería añadir es que al final del libro encontramos un índice con las pinturas que aparecen en cada capítulo, para que las podamos buscar e imaginar mucho mejor cuando entran en escena. (Disculpad la pésima calidad de la foto, mi movil no va cara al aire)

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Si os gusta Van Gogh, este libro lo vais a disfrutar muchísimo, y si no, también os gustará. Espero que le déis una oportunidad y ya me contaréis que tal.

 

 

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