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Este proyecto artístico no sería nada si no tuviera un poco de cine, no solo las artes mayores. Hoy traigo una de las primeras películas, viaje a la luna de George Melies.

Melies fue un tío que sabía hacer de todo, era autor, productor, mago, comerciante… le encantaban los ilusiones y los trucos de magia. Con 35 años fue a uno de los espectáculos de los hermanos lumiere, que habían inventado el cinematógrafo, una máquina que captaba las imágenes en movimiento y las reproducía. Para el público de la época era algo increíble. Ahora nos parece muy normal, pero antiguamente aquello era como la magia. Esto fascinó a Melies, que quiso comprar un aparato similar, el bioscopio.

Sus primeras películas serian escenas cotidianas, gente jugando a las cartas, escenas familiares, etc, pero a través de un error en el que se le encasquilla la cámara descubre el montaje, se da cuenta de que puede hacer aparecer y desaparecer a los personajes cortando y uniendo diferentes fragmentos de la cinta. Esto le abre muchas posibilidades y empieza a hacer verdadera magia.

Incorporará elementos fantásticos, maquetas, desapariciones, escenas de vuelo, incluso pintará las cintas para darle un toque de color a la película, ya que entonces era en blanco y negro. Las cintas había que pintarlas a mano, fotograma a fotograma, era un trabajo costoso pero que quedaba muy chulo.

Lo más importante fue que incluiría en las películas una narración teatral, es decir, había una historia que contar y que tenía desenlace, al principio se hacía una historia a partir de un elemento fantástico, pero después se hacían tramas que incluían luego estos elementos.

Melies crearía también un estudio enorme en el cual los actores podían colgarse del techo, hacer piruetas, fuegos artificiales, etc. El decorado era tremendo. Utilizaría recursos teatrales como el maquillaje, la división de actos… Pero todavía distaba mucho del cine actual puesto que la cámara estaba fija y solo había un plano, el de cuerpo entero, no había diferentes ángulos, ni primeros planos, tampoco había continuidad ya que las escenas se rodaban todas desde el mismo sitio pero cambiando el escenario, como en el teatro.

Viaje a la luna es una superproducción de 13 minutos, por aquel entonces aquello era considerada una película larga. Tenía 30 cambios de escena, decorados fantásticos, elementos pirotécnicos, y exageraban la gestualidad porque no había sonido y por tanto tampoco diálogo. Melies fue tan creativo que incluso la escena en la que la nave se encuentra debajo del mar, para incluir peces cogió una pecera y la puso delante de la cámara, de forma que mientras se rodaba los peces iban nadando de un lado a otro. Super chulo. La verdad que tenía unas ideas increíbles este tío. Menudas virguerías haría en la actualidad si levantara cabeza.

¿Conocíais esta película? Si la respuesta es no, os animo a que disfrutéis de ella, es una verdadera delicia.

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