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Paulina Bonaparte. Cánova. 1805-1808

Los escultores del siglo XIX miraban con buenos ojos la escultura antigua, copiaban los modelos clásicos griegos y romanos, pero sobretodo griegos. Usaban el mármol y trabajaban la anatomía de forma exquisita. Las figuras estaban idealizadas, con cuerpos perfectos como los que hacían Fidias o Policleto, pero será una belleza muy fría, distante. No había interés en mostrar los sentimientos ni emociones, era una belleza muy elegante y únicamente externa.

A medida que nos adentramos en el romanticismo la escultura empezará a mostrar pequeños detalles emotivos, se complicarán las composiciones y cada vez serán mas abigarradas, una característica muy propia del barroco. Son figuras más oblicuas que rectas y sin carga religiosa. También aparecerán personajes propios de la época, como es el caso de la escultura que presento hoy.

Antonio Cánova elevó la escultura italiana al mismo nivel que la escultura griega. En Italia había muchos ejemplos de escultura romana y copias griegas, aunque hechas en bronce. En el siglo XIX tenemos un boom en la arquitectura, su máximo esplendor, y aparecerán gran cantidad de escultura “nueva”. Ya fue considerado el mejor escultor de todos los tiempos en su época y con una grandísima consideración.

Cánovas no sabía distinguir escultura griega y romana, por lo que su escultura es una mezcla ecléctica de ambas, pero no por ello deja de ser hermosa. Abriría un taller de Venecia, la tierra donde fue educado, pero se trasladaría a Roma, entrando en el círculo de Winckelmann, que influirá fuertemente en su obra; representaría la teoría neoplatónica, aquí hay mucha historia y filosofía interesante, pero os lo resumiré: Entendía el cuerpo como la máxima belleza de la naturaleza, y además él lograba recrear tal belleza, a través de su técnica conseguía unas superficies totalmente nítidas y pulidas.

Sus obras muestran serenidad pero sin ningún sentimiento, con figuras que parecen atemporales y rostros inexpresivos, pensadas para la eternidad. Si que es cierto que sus primeras obras muestran algún sentimiento interno a través del rostro o el cuerpo, pero a medida que madura, su obra se hará más rígida en cuanto a expresión.

Centrándonos en Paulina Borghese, o también llamada Paulina Bonaparte, vemos todas estas características propias de Cánova. Esta esccultura se encuentra en la Galeria Borghese de Roma. La mujer retratada era hermana de Napoleón, para el que Cánova trabajó si no recuerdo mal. Aparece representada como una mujer romana porque el desnudo en aquella época no estaba bien visto, con lo cual, al representarse de forma mitológica se suavizaba este hecho. Se asemeja a una divinidad, concretamente a Afrodita por el detalle de la manzana en su mano, además también está acostada sobre un triclinio romano, con el cuerpo totalmente idealizado. Destaca sobretodo la técnica del trepano, muy minucioso. La escultura de Cánova no es solo la mujer, sino también el sillon sobre el que se encuentra tumbada, con todos esos detalles y arrugas.

Os dejo más esculturas de Cánovas, con las fechas, sobretodo para que veáis la evolución de este detalle de la expresión que os he mencionado.

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Detalle de Dédalo e Ícaro. Año 1779

Esta es una de sus primeras obras y la emotividad se ve tanto en el rostro como en el cuerpo. Está ambientada en el mito del minotauro. El cuerpo todavía no está idealizado del todo pues vemos la diferencia entre el adolescente y el viejo, este último con arrugas, barba, calvo… Hay movimiento en estas obras, muy propio del estilo anterior, en la fotografía que he puesto no se ve pero las piernas de este grupo escultórico es muy propio del barroco, que establece una transición y movimiento giratorios inversos. Es muy típico de Bernini. La posición de Ícaro es en contraposto, evocando a las figuras clásicas.

Probablemente Eros y Psique (1789-1793) sea la escultura más conocida de Antonio Cánova, y se entiende, pues su belleza es indiscutible. Cánova muestra aquí el momento de intimidad amorosa de un beso, aunque todavía no se ha culminado. Los cuerpos están ya totalmente idealizados, es una escultura muy dinámica en forma de X. También el mármol provoca un bonito juego de luces y sombras, que acentúa incluso más la sensualidad de la escena.

Las tres gracias (1813-1816), creo que son las figuras que más me gusta ver representadas, ya sea en pintura o en escultura.

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